EPISTEMOLOGÍA, FILOSOFÍA DE LA MENTE Y BIOÉTICA

Epistemología, Filosofía de la mente y bioética

Miguel Uribe Restrepo, M. D.1
(1) Médico psiquiatra y psicoanalista. Miembro institucional, Fundación Santa Fé de Bogotá. Profesor asociado, Pontificia Universidad Javeriana.
Desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, en vez de intentar una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido.
Estanislao Zuleta

La filosofía de la mente trata de preguntas generales sobre la naturaleza de los fenómenos mentales y su lugar es una descripción o explicación sistemática del mundo o, al menos, espera acercarse a tal descripción. La naturaleza de las emociones, los deseos, el pensamiento, el lenguaje, el dolor son temas abordados por la filosofía de la mente. En la medida en que una explicación científica no agota, al menos por lo pronto, de manera satisfactoria estos fenómenos, cabe esperar un abordaje filosófico de luz sobre la forma de acercarse a estas preguntas. Ante todo, puede brindar herramientas para lograr una mayor claridad acerca de los cuestionamientos que nos hacemos sobre estos temas y la forma como intentamos abordarlos. ¿Qué debemos hacer para empezar a responder a estas preguntas?
¿Debemos tan sólo hacer introspección? ¿O reflexionar sobre nuestros conceptos y el significado de nuestras palabras? ¿Somos siempre (o a veces, o nunca) jueces infalibles de nuestra vida mental o de los conceptos que empleamos para pensar sobre ella? ¿O debemos confiar enteramente en los que los científicos nos dicen, por ejemplo, en lo que los psicoterapeutas nos dicen sobre nuestros motivos «inconscientes» o los que los conductistas dicen sobre nuestra conducta, o lo que los neurofisiólogos nos dicen sobre nuestros cerebros? (1).
Como queda claro en la cita anterior, hay una relación de doble vía entre la filosofía de la mente y las ciencias que estudian la mente, lo cual incluye sus manifestaciones normales y patológicas. Diversos conceptos o aproximaciones nacidas en el campo de la psicología han dado lugar a fructíferas reflexiones en la filosofía. Daniel Dennett, un reconocido filósofo cognitivo contemporáneo, afirma: «Para mucha gente, hablar de la mente es como hablar de sexo: ligeramente embarazoso, indecoroso y hasta deshonroso». «Claro que existe», dirán algunos, «pero ¿es necesario que hablemos de ella? Sí, lo es» (2). El escándalo de la mente para la filosofía parece contrastar con la excesiva familiaridad con la que muchas veces nosotros abordamos los fenómenos mentales: un poco de sorpresa no está de más...
La psiquiatría es una rama de la medicina con un territorio amplio y denso, a veces difícil de demarcar. Entre las especialidades médicas es tal vez la más afín a las humanidades, de ahí que la historia de la psiquiatría sea un testimonio de esa estrecha relación; pues algunas de las figuras más importantes de su desarrollo han sido excelentes humanistas: Pinel, Freud, Jaspers, Janet, para nombrar sólo algunos.
En cuanto ciencia, la psiquiatría puede plantearse preguntas acerca de su acercamiento al conocimiento. Por un lado, tenemos el problema de definir con claridad su objeto de estudio: es la mente humana, claro; es el psiquismo, obvio; es el alma o el espíritu, o sólo es el espejismo, la superficie en la que se refleja el trabajo subterráneo de genes y moléculas las que deben ser con el tiempo su único objeto de estudio. Por otro, la psiquiatría es, asimismo, social, ya que muchos de los problemas que enfrentamos son el resultado de los intentos de adaptación del individuo en un contexto determinado; no obstante, lo social también es biológico, y lo social también se relaciona directamente con la psicología de las personas que la componen, y así el círculo se estrecha y se expande cada vez que lo miramos.
Las concepciones filosóficas no son ajenas al quehacer de los profesionales de la salud mental. Las últimas décadas han presenciado un progreso sin antecedentes en el conocimiento sobre los factores biológicos de la conducta humana, tanto en el campo de la investigación básica como en los nuevos tratamientos. Esta forma de entender y de acercarse a los fenómenos propios de la conducta humana refleja, de manera más implícita que explícita, ciertos supuestos filosóficos que pueden ser expuestos de manera más clara. Cuando se otorga un rol dominante y casi exclusivo a lo biológico, por ejemplo, ¿se trata de un materialismo eliminativo o de un funcionalismo?, para nombrar tan sólo dos maneras de entender el fenómeno de la conciencia.
Por otra parte, tenemos una tradición anclada en un abordaje más psicológico, que a veces parece sostener alguna forma de dualismo, ya sea de sustancias (menos frecuente) o de propiedades. Las tensiones entre las diferentes ‘escuelas’ o marcos teóricos que empleamos también pueden «adoptar enfoques particulares acerca de asuntos fundamentales en lo que a lo mental se refiere, como por ejemplo la relación mente-cuerpo, el estatuto ontológico de lo mental, la intencionalidad, la disyunción entre aproximaciones de primera y tercera persona, etc.» (3).
Los años recientes han sido testigos no sólo de una explosión del estudio del cerebro, sino también de un creciente interés y estudio por la filosofía de la mente. Los avances en las ciencias cognitivas han sido un factor importante en este impulso a la filosofía de la mente. No en vano algunos sostienen que el estudio de la mente humana, desde diversas perspectivas, es el gran reto del conocimiento humano en el siglo que empieza.
Por su parte, la filosofía también influye en la investigación psicológica que se realiza. Por ejemplo, ¿cuál fue el cambio filosófico o conceptual que permitió el paso de un conductismo radical a una ciencia cognitiva conductual que considera indispensable el estudio de lo que ocurre en la ‘caja negra’?, o ¿cómo se puede resolver la discusión acerca de sí los conflictos y deseos inconscientes ‘existen’ o ‘no existen’?, o ¿debemos considerar la mente como un mero epifenómeno del cerebro y dirigir entonces toda la investigación única y exclusivamente a la neurofisiología? Y, en un contexto más histórico, podemos preguntarnos de qué manera la tradición filosófica influyó en la conceptualización que hizo Freud del inconsciente, término que ya había sido empleado de manera menos sistemática por filósofos como Nietzche.

Bioética
El campo de la bioética en psiquiatría abarca temas como la ética de las investigaciones y la ética en la práctica profesional en el área de la salud mental. En cuanto rama de la medicina, la psiquiatría participa de la bioética, pero en cuanto psiquiatría encuentra problemas que le son propios.
Los principios de la bioética médica son, entonces, necesarios, pero no suficientes para la práctica psiquiátrica. Por ejemplo, los principios de autonomía y de confidencialidad adquieren un matiz singular en el campo de la psiquiatría, para mencionar sólo dos principios. Los pacientes con diagnósticos psiquiátricos pueden encontrarse en una situación donde la autonomía y la capacidad para tomar decisiones racionales se encuentran comprometidas por la misma afección que padecen. Por un lado, se ha exagerado el grado de incapacidad de los pacientes psiquiátricos en torno a su capacidad para tomar decisiones y, de ese modo, han sido estigmatizados; por otro, desconocer la naturaleza misma de los trastornos mentales podría, al menos en algunos casos, llevar a que los pacientes no reciban la protección que requieren. El problema del consentimiento informado en investigación en salud mental también ilustra estos dilemas. Al igual que en el campo de la filosofía de la mente, debemos aceptar que hay muchos problemas arduos de tratar y cuya solución nos elude: pueden ser formas modernas de dilemas y enigmas que la humanidad ha enfrentado desde hace siglos.
Las consideraciones anteriores son apenas un esbozo de un extenso territorio, tanto en filosofía de la mente como en bioética, que esperamos den pie a recorridos interesantes y enriquecedores. En este espacio que abrimos en la Revista procuraremos que las discusiones y reflexiones sobre estos difíciles temas sean lo más abiertas y claras posibles. El último Congreso de Psiquiatría, celebrado en Santa Marta, dio muestras de este creciente interés, con los simposios sobre bioética en psiquiatría (C. Sánchez, D. L. González, A. Franco y M. E. Amézquita) y epistemología («La mente extendida y embebida» de C. Arteaga J. L. Botero, J. Dávila y M. Uribe). Estas páginas serán lo suficientemente amplias como para incluir en ellas algunos conceptos básicos que sean pertinentes para alcanzar un mejor entendimiento de las diversas teorías acerca del funcionamiento de la mente. Ello requiere la participación, lo más amplia posible, de profesionales de distintas ramas del conocimiento. Por esa razón, a todos los interesados estamos haciendo una invitación para que conviertan estas páginas en un foro permanente de discusión e intercambio de ideas y puntos de vista.

Bibliografía
1. Rey G. Contemporary philosophy of mmd. Cambridge, MÁ: Blackwell; 1997.
2. Dennett D. La actitud intencional. Barcelona: Gedisa; 1987.
3. Dávila J. ¿Es pertinente el diálogo entre filosofía y psiquiatría? XLI Congreso Colombiano de Psiquiatría; 2002; Santa Marta, Colombia.

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